Daniel Noya Peña


Nace en Arenas de San Pedro y reside en Piedralaves. En la actualidad es profesor de Filosofía en La Adrada. Es autor de los siguientes libros de poemas: Cierra el portón, Cuatro raíces, Cuaderno de incidencias y Luces de gálibo. Está escribiendo un nuevo libro: Órdenes del corazón. Ha colaborado con poemas en diferentes revistas como Trasierra, El signo del gorrión, Carcaramusa y en la revista Contracorriente. También ha participado en recitales en Institutos, Bibliotecas y Casas de la Cutura.



El despertar
a León Ostrov
Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

Es el desastre

Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?


El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo
Alejandra Pizarnik


Ha oscurecido
"Muerte, sé humana" (Georg Trakl)
Ha oscurecido y es elemental refugiarse en el animal
que ama la noche.

No tiene armas, ni habla con la divinidad.

Y no quiere
que le devore la muerte.

Las estrellas le ofrecen su ternura pero en su cabaña
vibra hoy la soledad.

Conoció el azul, estuvo en el país del sueño
donde recogió unas flores que con el tiempo se ajaron
dentro de sus páginas.
Le abrasa ahora el silencio y no encuentra la frescura
que entonces encontró en su casa.

Ya solo le interesa la eternidad, la voz que nutre,
la oración que no sepa a lamento.

En su gris inventario se eleva un desamparado fulgor
que ya ni siquiera recuerda.

La vida aún le aborda y él no responde.

Hubo deleite donde ahora solo hay trazos,
ramas verdes,
mudos párpados,
la noche que le reduce a polvo,
la pena que le zumba en su callada boca.

Recoge su fruto, su caudal de versos.

Ha plantado un sauce en una humilde roca.

Ha mitigado su voz y llora sin lágrimas sin esperanza.

Muerte, sé azul.

No te demores demasiado en este animal que puso su lira
al desnudo
para atrapar solo un poco de infancia.
Daniel Noya Peña (De “Órdenes del corazón”)

5 comentarios:

  1. Es un poemario muerto, sin vida.

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  2. Para ser poeta solo es necesaria una cosa: saber vivir

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  3. Y por qué piensas que es un poemario muerto, sin vida????

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  4. la palabra es hermosa cuando es coherente con los hechos.

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